
¿Qué es realmente el algoritmo?
Todo el mundo habla del algoritmo. Esa “magia” que utiliza nuestra información para predecir el contenido que más nos va a interesar según nuestras preferencias.
Es como resolver un problema: dependiendo del camino que elijas, se te mostrarán determinados resultados.
Me recuerda a cuando mi hija era pequeña y le daba a elegir entre dos vestidos que yo previamente había seleccionado según sus gustos, para evitar un posible conflicto en medio de la tienda. Ella sentía que elegía. Pero las opciones ya estaban filtradas.
Eso mismo hace el algoritmo.
En realidad, esto se lleva haciendo desde tiempos remotos. Lo que la tecnología ha añadido es velocidad e inmediatez a gran escala. En un mundo cada vez más impaciente, es una herramienta muy eficaz: sacia el hambre y te dirige hacia el lugar o el producto que “necesitas”.
Pero la pregunta es:
¿Realmente lo necesitas?
La generación constante de necesidades
Generar necesidades no es algo nuevo. La publicidad lo lleva haciendo desde su origen: alcanzar al mayor número posible de personas para aumentar el éxito de venta.
Cuanto mayor es el público captado, mayor es el beneficio.
Vivimos en una era donde todo pasa rápido, y lo lento aburre. Estamos invadidos de información y publicidad. Caminamos en la búsqueda constante de una supuesta felicidad:
Reírnos.
Tener sexo.
Comer rico.
Volver a reírnos.
Tener cosas que “nos satisfagan”.
Exhibirnos.
Viajar.
Sentirnos deseados.
En definitiva, buscamos placer constante.
Ese hedonismo generalizado refleja algo más profundo: el ego tiene las riendas en la mayoría de nosotros y se alimenta sin orden ni control.
La trampa de la dopamina: placer inmediato, vacío prolongado
La búsqueda constante de dopamina y oxitocina —esas sustancias que nos producen placer efímero— puede llevarnos a comportarnos como auténticos toxicómanos emocionales.
Scroll.
Like.
Compra.
Validación.
Más scroll.
Y cuanto más buscamos ese placer inmediato, más nos alejamos del camino de la verdadera felicidad.
Porque el placer no es lo mismo que la paz.
Dolor y placer: las dos orillas del mismo río
Con el placer ocurre algo parecido a lo que sucede con el dolor.
Es como si la vida fuera un río. Puedes acercarte a la orilla del dolor o a la orilla del placer.
Hay personas que se refugian en su dolor. Viven afligidas, con miedo, condicionadas por lo que les ocurrió. Y, sin darse cuenta, nutren su ego desde ese sufrimiento.
Otras se refugian en el placer constante, evitando cualquier incomodidad.
En ambos casos, se pierde la oportunidad de vivir dejándote llevar por el río.
El verdadero riesgo: no haber vivido
Cuando nos quedamos atrapados en cualquiera de esas orillas, dejamos de permitir que la vida nos sorprenda.
Dejamos de abrirnos a oportunidades que ni siquiera habíamos imaginado.
Pero hay una trampa: el tiempo es finito.
Y cuando llega el “examen final”, muchas personas descubren que no vivieron en paz. Demasiado estrés. Demasiada ansiedad. Demasiada dedicación al ego.
Nuestros mayores lo cuentan en libros y en sus propias historias de vida: el arrepentimiento más frecuente no es haber fallado, sino no haber vivido plenamente. Haber dedicado demasiado tiempo al trabajo, al dinero, a cumplir expectativas… y muy poco a lo esencial.
Cómo dejar de hacer de tu vida un algoritmo
Reflexionemos sobre algo importante:
No convirtamos nuestra vida en un algoritmo que intenta predecir el mejor resultado. Controlar es una herramienta peligrosa.
La vida no es una fórmula matemática.
Nuestras elecciones estarán condicionadas por el ego, sí, ––entre otras cosas–– Pero el chiste es ser consciente de cuando habla tu ego, tu miedo y cuando hablas tu libremente.
- Transformar el miedo en valentía.
- Aprender a soltar.
- No aferrarnos ni al dolor vivido ni al placer imaginado.
Todo pasa.
Lo bueno y lo malo.
No te quedes atrapada en ninguna orilla.
Suéltate.
Déjate fluir.
Vive.
Sé tú misma.
Y saca lo mejor de ti.